
Competición
De copiloto con Nasser Al-Attiyah en el Dacia ganador del Dakar
La finca del piloto catarí en Cataluña fue el escenario de la prueba junto al ganador de seis ediciones del Rally Dakar

Tras varias décadas de copiloto junto a grandes volantes del panorama nacional y haber ido ocasionalmente a la derecha de pilotos como Nani Roma, Peterhansel, Luc Alphand, Miki Biasion o Carlos Sainz, esta era la primera vez que sentía mariposas en el estómago al subirme junto a un piloto que, más que grande, es enorme. Sus seis títulos de vencedor del Dakar así lo atestiguan.

Dacia España nos invitaba a conocer el Nasser Racing Camp, en Castellfollit del Boix, unas instalaciones de una extensión casi comparable a la de una comarca, repletas de caminos, pistas y bosques, rematadas por una espectacular masía propiedad del piloto catarí. Era el escenario de la prueba del nuevo Dacia Duster Hybrid G150 4x4, a través de una ruta por carretera y pistas forestales, en ocasiones muy trialeras, donde hizo gala de su vocación fuera del asfalto con unos consumos irrisorios y una enorme autonomía al combinar combustible, microhibridación y GLP. Una novedad que aporta una mejor tracción al tren trasero y aumenta el par motor, permitiendo transitar por zonas hasta ahora reservadas a los todoterrenos clásicos. La segunda razón del viaje era poder subir durante varias decenas de kilómetros al lado de Nasser en el Sandrider vencedor del pasado Dakar y hacerlo a un ritmo auténticamente de competición.

La noche anterior, un complejo libro de ruta nos había llevado hasta un campamento cercano, con tiendas de campaña perfectamente equipadas con todos los servicios y un inconfundible aroma africano que invitaba a la aventura. Al amanecer, allí estaba, en el centro del campamento. Lo primero que vieron nuestros ojos al salir de la tienda fue el imponente Dacia Sandrider, con su espectacular estampa y su poderoso motor de tres litros, 360 caballos y 530 Nm de par, desarrollado por Prodrive. Armas más que contundentes para enfrentarse a las orografías más complejas a velocidades de vértigo.
Una vez en la masía, mientras esperábamos nuestro turno para sentarnos a la derecha del seis veces campeón del Dakar, pudimos charlar unos minutos con el protagonista. Descubrimos a una persona divertida, afable, cercana y afectuosa, además de multicampeón. “Quiero seguir, pese a que Dacia haya terminado su proyecto después de la victoria en el Dakar. Me encantaría continuar con este coche porque he trabajado mucho en él y hemos optimizado todas sus capacidades. Creo que nunca he tenido entre manos un coche tan competitivo. Aún no sé nada, pero me gustaría firmar un contrato de varios años, a ser posible dentro de Prodrive, aunque hay varias marcas interesadas en debutar oficialmente en el Dakar, dos de ellas chinas, que podrían confiar en este equipo. Sé que David Richards, patrón de Prodrive, está en conversaciones con ellas y muy pronto sabremos algo”.
En el Dacia de carreras
Mono, casco, HANS... y para dentro. Mientras un auxiliar me ajusta con fuerza el arnés, le digo a Nasser que esto no es nuevo para mí, que no tenga ningún miramiento y que... ¡attack! Desde dentro no se ve demasiado, pero sí lo suficiente para percibir lo que tenemos delante. Una vez en marcha, la sorpresa es absoluta. Nuestro cerebro apenas tiene tiempo para asimilar lo que reciben nuestros ojos. Entre saltos, derrapajes y vuelos por una estrecha y rota pista nos damos cuenta de que es imposible grabar nada con el móvil. Las curvas de todo tipo se suceden una tras otra; los rasantes se amontonan; los badenes apenas se sienten y las enormes piedras que aparecen a nuestro paso son despachadas por Nasser como si ni siquiera existieran.
Tras unos minutos de auténtica perplejidad renuncio a seguir mirando la pista y me fijo en él, como queriendo descubrir su fórmula magistral para ganar. Me sorprende una mirada brillante, fija, sin apenas un parpadeo. Intuyo un enorme trabajo de pies pues, aunque desde el asiento del copiloto no pueden verse, sí se aprecia el movimiento constante de sus rodillas. Sus pies son un arma más para enlazar curvas de cualquier radio, manejando con una habilidad extraordinaria el cambio y el freno de mano y reduciendo el giro del volante a lo estrictamente imprescindible.
Del coche apenas me dio tiempo a apreciar un chasis impresionante, unas suspensiones brutales que permiten afrontar zonas imposibles sin castigar la columna vertebral, unos frenos que hacen posible llegar al vértice acelerando "hasta la cocina" y, cuando ya parece imposible detener el coche, clavarlo justo donde debe para salir disparado con una aceleración capaz de dejar el mundo atrás en cuestión de segundos.

Cuando nuestro cerebro empieza por fin a racionalizar todo aquello, regresamos al punto de partida. Bajamos del coche completamente desconcertados y tardamos más de media hora en asimilar lo vivido y poner en orden las sensaciones y las imágenes, pese a mi experiencia de tantos años en este mundo. Para terminar la jornada, su copiloto, Fabian Lurquin, nos explicó los secretos de la navegación y de un road bookdakariano, algunos trucos del habitáculo y las enormes exigencias físicas y mentales, de disciplina y entendimiento con el piloto y el equipo que requiere completar un Dakar con éxito. Desde luego, lo vivido durante esta jornada quedará para siempre en mi memoria gracias a Dacia España, que ha demostrado su entusiasmo tanto por la competición como por la calidad de sus productos.







